Economía

Para impulsar la economía de México necesitamos un crecimiento económico más dinámico y equitativo. No puede haber crecimiento que beneficie sólo a unos cuantos. Por ello, debemos implementar una estrategia integral con tres pilares:
1. Crear las condiciones para crecer más.
2. Impulsar nuevos motores de crecimiento.
3. Mejorar los ingresos de las familias, especialmente las que menos tienen.
¿Cómo podemos crecer más? Tengo muy claro que no se trata sólo de políticas económicas. También es indispensable poner fin a la corrupción, recuperar la seguridad y fortalecer el Estado de Derecho. Sin estos elementos no podremos alcanzar una economía con visión de futuro.
Como segundo paso, pongamos las finanzas públicas en orden. Usemos los recursos en lo que es realmente prioritario y reduzcamos los gastos en privilegios de funcionarios y programas que no dan resultados. Un ejemplo de esto sería eliminar el financiamiento a partidos, el gasto de gobierno en publicidad y el “fondo de moches” de la Cámara de Diputados.
Quiero un gobierno que no estorbe. Por eso, desregulemos la economía para que sea más fácil que nunca abrir, financiar y crecer un negocio. Que el gobierno brinde mejores oportunidades educativas y de desarrollo profesional, con especial prioridad en la región Sur-Sureste del país. Finalmente, impulsemos la inversión en infraestructura con honestidad y transparencia. Esto incluye aprovechar mejor los hidrocarburos y promover la transición a fuentes renovables.
Tenemos que apostar también en nuevos motores para la economía. El gobierno debe invertir en las industrias de alto valor agregado que serán las fuentes de empleo y bienestar en el futuro. Algunos ejemplos son la “economía verde”, que consiste en transitar a una economía sustentable, la “economía azul”, basada en impulsar el crecimiento económico en las costas y litorales del país, el turismo cultural y de experiencias, la inversión en el campo con tecnología e investigación de punta, así como sectores como los vinculados a las tecnologías de la información, el comercio electrónico, la biotecnología y la farmacéutica.
El tercer pilar para fomentar el crecimiento de México es ver por las familias y su economía. Necesitamos aumentar gradualmente el salario mínimo para que alcance para una canasta básica. También necesitamos eliminar o reducir el Impuesto Sobre la Renta (ISR) para trabajadores que ganan hasta quince mil pesos mensuales. Busquemos convertir a México en el paraíso del emprendedor a través de la reducción de trámites, la simplificación fiscal y el acceso a financiamiento. No olvidemos buscar mayor equidad de género en la economía. Con estas medidas lograremos un crecimiento económico mejor distribuido. Necesitamos que la riqueza de México sea para todos. No sólo para unos cuantos.

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EL BANCO DE MÉXICO Y LOS TIEMPOS

 

En este sexenio, parece que decir “sólo las personas más preparadas y honestas deberían dirigir las instituciones públicas” es una especie de buen deseo pero nada más buen deseo. Y es que durante estos cinco años, el gobierno de Enrique Peña Nieto, el PRI, y buena parte de la así llamada “oposición” se han dedicado a lastimar la autonomía y dañar el funcionamiento de instituciones clave. Todo lo politizan y por haberlo politizado ya nos hemos quedado sin titulares en las instituciones.

Y abundan los ejemplos: cambiaron cuatro veces de Embajador en Estados Unidos; le dieron la Cancillería al responsable del peor error diplomático en la historia reciente; discuten integrantes de las instituciones como si fueran cuotas políticas. Sin ningún rubor han dejado acéfalas a la Procuraduría General de la República, a la Fiscalía Anticorrupción y a la Fiscalía Electoral (FEPADE). Y ya ni hablar de los jaloneos políticos que se han dado en torno a los nombramientos de Consejeros en el Instituto Nacional Electoral, Ministros de la Suprema Corte de Justicia y otras instituciones que deberían mantenerse completamente alejadas de intereses partidistas.

Por eso preocupa la propuesta que se espera haga el Presidente para elegir al próximo gobernador del Banco de México, una institución clave para la economía mexicana. Cierto es que la fortaleza del Banco de México deriva de su diseño institucional y de la Constitución y las leyes que le otorgan autonomía plena y que hoy en día hay economistas de primera línea en esa institución. Pero no es menos cierto que las personas importan, que el actual gobierno no ha cuidado realmente al Banco de México y además estar a la altura del trabajo de Agustín Carstens estos años no es un reto menor.

La autonomía del Banco de México fue una verdadera conquista de la oposición. Reconocida la autonomía en la Constitución, la ley ordinaria desarrolló con cuidado esa autonomía hasta tener un Banco de México fuerte. Si alguien entendió la importancia de la autonomía del Banco Central fue precisamente su principal creador, Don Manuel Gómez Morín. En la exposición de motivos de la Ley que Crea el Banco de México –redactada por Gómez Morín– se señala que: “Hay, efectivamente, en un banco controlado por el gobierno, el gravísimo peligro de que el interés político pueda predominar en un momento dado sobre el interés público, es decir, que el gobierno represente el interés de los hombres pertenecientes al partido que lo constituye y prescinda del interés nacional[1].

El actual gobierno del PRI todo lo ve con una corta visión electoral. Y un nombramiento que debió hacerse ya hace unos meses, lo dejó al final. Al final ¿para qué? Para jugar con su baraja de candidatos a la presidencia de la República. Prefirió retrasar la decisión, prefirió abrir un frente más en medio de la incertidumbre económica que provoca un presupuesto que no ayuda a crecer; en medio de un tratado de libre comercio a punto de terminarse y de una elección de la que los mercados financieros no quitan los ojos. El gobierno del PRI prefirió esperar y es claro que su preocupación no es por la autonomía de Banxico. Tan desinteresado está en dicha autonomía que escuchamos que una sola persona puede ser “candidato a la presidencia de la República” o titular del Banco de México. Así de revuelto todo.

Mezclar la sucesión presidencial con la sucesión en Banxico y esperar hasta el último momento para tomar esta decisión por criterios políticos ha sido una irresponsabilidad más de este gobierno. “El horno no está para bollos” decían las abuelas. El Banco de México no es ni botín político ni premio de consolación, es una institución autónoma de la que depende mucho el futuro de nuestro país.

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[1] Ley que Crea el Banco de México (1925). Citada por Eduardo Turrent y Díaz en el Documento de Investigación 2007-10 “Las tres etapas de la autonomía del Banco de México”. Disponible en: http://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-discursos/publicaciones/documentos-de-investigacion/banxico/%7BA49BFA7D-25E8-4A6A-C9E8-F4B239DC47DD%7D.pdf

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UN PRESUPUESTO PARA NO CRECER

México está llamado a ser una de las principales potencias económicas del mundo. Tenemos todo para lograrlo, lo sabemos. Nuestra economía puede ser una de las 10 más grandes en los próximos quince años. Y sin embargo crecimos a un promedio de 2.5 durante los últimos 25 años. Iniciamos el sexenio con reformas fiscales que sólo buscan recaudar, con una falta de responsabilidad en las finanzas públicas y una baja inversión pública. Además hay que aumentar las consecuencias de la corrupción, la inseguridad y la falta de inclusión en la vida económica que abre las brechas de desigualdad. Una de las primeras condiciones para crecer en economía está en la responsabilidad de las finanzas públicas y en la inversión en la gente y en infraestructura. Pero este gobierno no quiere poner las condiciones para crecer más. Y para muestra: el presupuesto 2017.

El gasto público en México representa 25% del PIB. Es mucho dinero que, bien utilizado, podría ser un factor de avance para la economía. Sin embargo, la forma en la que se debate, se diseña y se gasta el presupuesto en México es profundamente opaca e ineficiente y no nos permite crecer.
Vayamos a los números. Primero, tenemos que darnos cuenta de que el proceso de presupuestación es terriblemente discrecional e incluso arbitrario. Las estimaciones del gobierno son manipuladas sin mayor justificación por los diputados. Por ejemplo, el gobierno estimó que en 2018, el precio promedio del barril de petróleo sería de 46 dólares. Pero los diputados son optimistas y piensan que estará en 48.5. Hacienda también estimó un tipo de cambio de 18.1 pesos por dólar, pero los diputados pusieron 18.4. El resultado: mágicamente el gobierno contará con 43 mil millones de pesos más para gastar. ¿Si estas estimaciones no son correctas? ¡Pues ya veremos!

Pero bueno, supongamos sin conceder que nuestros diputados “le atinan al precio”. Esto significa que el gobierno contaría con 5.2 billones de pesos, 7% más que lo que tuvo este año. ¿Y de dónde saldrá la mayor parte de ese dinero? Del esfuerzo de empresas y trabajadores. Para gastar más, el gobierno recaudará 8% más por concepto de impuestos, lo que significa pasar de 2.7 a 3.0 billones de pesos. Ahí vendrán 1.5 billones de ISR, 0.9 billones de IVA, 0.4 de IEPS (0.266 gasolinas) y otros impuestos. ¿Apretar el cinturón fiscal a empresas y personas frena la economía? Sí, pero no importa: el chiste es tener dinero público a manos llenas en año electoral. De hecho, para que alcance también se está previendo un endeudamiento por 500 mil millones de pesos. “El último paga”, y “el último” siempre es el ciudadano.

Y qué van hacer con ese dinero. Pues no mucho. Veamos: de los 5.2 billlones de pesos, 3.7 billones de pesos se van al gasto programable. De ese monto, 63% es gasto corriente (sueldos y prestaciones de servidores públicos de todos los niveles), 21% es para el pago de pensiones y jubilaciones… y ¡sólo el 16% es para inversión! No esperemos mejores carreteras: solo para mantenimiento se necesitan 20 mil millones y se invertirán 8 mil millones. Tampoco mejores hospitales: habrá una caída de 5% en inversión en salud. Al mismo tiempo, siguen creciendo gastos injustificables como el financiamiento público a los partidos políticos que propusieron “donarlo” para los sismos. Pero ya se se les olvidó … y parece que a la sociedad también.

Crecer en economía exige un mejor presupuesto. El gobierno debe analizar qué impuestos están resultando más contraproducentes. Debe ajustar su gasto, con recortes a partidas que ya no tienen razón de existir y aumentar la inversión. Hay que revisar duplicidades e ineficiencias que, seguramente, tienen explicaciones políticas y no económicas detrás. Total, el presupuesto está más relacionado con las próximas elecciones que con dar certezas a la economía para poder crecer más.

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